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La WEB de las Hijas de Jesús

06 noviembre 2009

ORACIÓN y MISIÓN, por Silvano Fausti sj

¿Qué importancia le doy a la oración en mi vida? ¿Cuáles son los “refugios” de los que debo salir para encontrar al otro? ¿Soy verdaderamente libre de la avidez de poseer, de poder y de aparecer?

No basta amar al Señor para ser sus colaboradores. Puedo amarlo y trabajar en contra de Él. Así lo hizo Pedro, al que Jesús llama "Satanás". En efecto, rechaza la cruz, presume ser mejor que los otros y usa las armas del enemigo para defenderlo (Mc 8, 31-33; 14, 28-31, 47). También Santiago y Juan, por "amor", como los cruzados de todos los tiempos, quieren exterminar a los que Jesús quiere salvar (Lc 9, 51ss). Y luchan por los primeros puestos, como todos los demás (Mc 10, 35-45). Pelean en la Última Cena mientras Jesús está en medio de ellos como el que sirve (Lc 22, 24-27). ¿Qué hacer para no buscar, en el nombre de Dios, lo que Él detesta? ¿Cómo colaborar con Él y no con Satanás? Es trágico hacerle el juego al equipo adversario con el buen deseo de portar la camiseta de Jesús. Soy "adecuado para el Reino de Dios" cuando deseo, quiero y suplico al Señor tener un amor tan grande hacia Él que me quite mis afectos desordenados. Solo así, libre del poseer cosas, personas y a Dios mismo, puedo seguir al Hijo por el camino de la entrega, el servicio y la confianza (Lc 9, 57-62). El principio de la misión y su fin: la oración. La oración y comunión con el Señor: nos trasforma en Él y nos habilita a testimoniarlo.


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