Y he seguido tu rastro.
Y me has dicho: empuja.
Y después has sonreído.
Yo también.
Y más tarde te he encontrado
en el impulso y el ánimo
que como hermanas nos damos
que de unas y otras recibimos.
Y te encuentro en los sueños
de otro estilo de ser
de otro estilo de vivir
de otro estilo de creer.
Y te encuentro en las ganas
de ser hijas y hermanas,
de seguir de cerca tus huellas
de ir tras tus sandalias.
Y te encuentro en el reto
de sentirme iglesia en comunión
ante dificultades que surgen
ante cambios,
decisiones,
que me obligan a posicionarme,
desde el evangelio,
desde tu misión.
Y quiero no cerrarme
y quiero fiarme
pero también quiero
ser fiel a lo importante,
no a mis ideas,
no a mis deseos,
sino al compromiso
de empujar juntos el Reino.
Hoy me he encontrado contigo
y he seguido tu rastro.



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