El exceso de satisfacción en las llamadas sociedades del bienestar imposibilita el goce sereno y agradecido, a la vez que ahoga la disposición a compartir, pendientes como estamos de asegurar lo que hemos conseguido…
Sin embargo en algunos lugares siguen existiendo dos valores que nuestra cultura poco a poco va perdiendo: la hospitalidad y la acogida, que nacen de ser capaces de tolerar la privación con paciencia, lo cual les hace más abiertos a la alteridad.




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