Y he seguido tu rastro.
Y me has dicho: agradece.
Y después has sonreído.
Yo también.
Y más tarde te he encontrado,
estabas a mi lado,
en el día a día,
en el trabajo,
en la familia,
entre los curas,
entre colegas,
entre los laicos,
entre amigos,
en el descanso...
Aunque a veces,
lo confieso,
te veo a medias,
se desdibuja el trazo
se desdibuja el trazo
de tu huella,
tus pisadas...
y me cuesta,
a veces mucho,
me cuesta seguir tu rastro.
Pero alguien, en seguida,
me recuerda... que hay que mirar,
fuera y dentro de una misma,
en el adentro del otro,
y detectar,
que estás ahí,
y siempre has estado,
y desde ahí te irradias a la realidad...
que tú caminas
con nosotros...
en nosotros...
delante y detrás...
y nos llevas,
nos conduces,
nos impulsas a amar...
no permites que nos quedemos
impasibles ante la realidad
del que sufre,
del que teme,
del que siente soledad...
nos alientas al trabajo
por la justicia,
la paz,
la paz,
la solidaridad.
Y me siento afortunada
por creer en ti,
por creer en ti,
por sentirte en mí,
porque me haces más persona
porque me enseñas a amar.
Hoy me he encontrado contigo
y he seguido tu rastro.







































