Cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha…
Que tu limosna sea tu propio corazón, que se derrama en cada gota de amor, en cada mirada, en cada gesto cómplice... cada mañana.
Estar y sentirnos en camino... descubriendo los pasos que tenemos que seguir dando... acogiendo lo que el Señor nos quiera manifestar... para buscar juntos la voluntad de Dios hoy, aquí y ahora. A la escucha, tocando la realidad concreta que vivimos en nuestra sociedad, al lado de los desfavorecidos y con nuestra mirada puesta en Cristo. Porque solos nada... pero con Dios todo lo podemos.
0 ¿Y tú qué opinas?:
Publicar un comentario en la entrada