09 junio 2012

Las ONGD estamos fallando a la sociedad

Publicado en FASFI
Por PEDRO TELLERÍA (@TelleriaPedro), consultor del Tercer Sector.

Durante las últimas dos décadas, la sociedad española ha disfrutado de un nivel de desarrollo socioeconómico espectacular. Ha pasado en poco tiempo de ser un país receptor de ayuda al desarrollo a ser un país donante, con un gran número de ONG dedicadas a la Cooperación para el Desarrollo (ONGD). Sin embargo, en los últimos tres años – y muy especialmente en los últimos meses – el modelo de desarrollo de España se ha derrumbado. Ya tenemos la certeza de que vamos para una década perdida, y probablemente hacia una generación perdida. La práctica totalidad de las referencias sólidas que daban estabilidad a nuestras expectativas de futuro se han evaporado. La sociedad anda huérfana, angustiada y aterrorizada, buscando a diestro y siniestro referentes, soluciones, modelos, caminos de salida.
En la situación actual de crisis económica y cuestionamiento del modelo de desarrollo que vivimos en España, el silencio de las ONGD es pavoroso. Uno esperaría un griterío de todas las organizaciones, artículos diarios en la prensa, movilizaciones callejeras, discusiones abiertas sobre modelos económicos a seguir, sobre experiencias similares de otros países. Y solo se oye el silencio. Un silencio que hace daño en los oídos. Es como si el problema no fuera con nosotros. Un auténtico ejercicio de autismo. Como mucho se oyen quejas porque… han bajado las donaciones.
¿Cómo puede ser que grandes ONGD, muchas de ellas auténticas estructuras globales, no tengamos nada que decir sobre lo que pasa aquí? ¿No tenemos, supuestamente, mensajes altamente estructurados sobre gobernanza global, sobre justicia internacional? ¿No hemos desarrollado sofisticados modelos de cambio? ¿No participamos en grandes cumbres internacionales, predicando a todo el mundo lo que deben pensar y hacer?

Esta sociedad había escuchado e internalizado nuestro mensaje. Pero en el momento en que necesita de nuestro conocimiento, experiencia y apoyo, se encuentra con un silencio abrumador. ¿Qué pasa? ¿Era todo mentira? ¿Éramos las ONGD también parte de la burbuja, como los bancos y el ladrillo? Dentro de veinte años, cuando este episodio histórico esté superado, ¿qué contestaremos cuando se nos pregunte qué hicimos durante la crisis? ¿En qué participamos, qué aprendimos, qué éxitos y fracasos cosechamos, cómo sufrimos, en qué disfrutamos? ¿O es que lo único que podremos decir es que fueron malos tiempos porque… el fundraising bajó?
Si las ONGD tenemos contenido, ahora es el momento de demostrarlo. Debemos saltar a la palestra, decirle a esta sociedad que ella también es sujeto de desarrollo, no un simple convidado de piedra a quien poder sacar dinero. Que hay una gran experiencia de décadas de cooperación que también se puede aplicar aquí. Podemos aprender de los latinoamericanos, cómo sufrieron las décadas perdidas, la asfixia económica de las políticas del consenso de Washington. Podemos liderar el debate público sobre el modelo de desarrollo. Podemos replicar programas de fortalecimiento de cooperativas y pymes, de construcción social en los barrios, de vivienda social. Podemos desarrollar cooperativas de crédito. Podemos hacer tantas cosas…
Y nadie está pidiendo a las ONGD que abandonen sus programas en el Tercer Mundo. Pese a la enorme profundidad de nuestra crisis, España sigue siendo un país más rico que la media.
¿Qué es lo que falla entonces? Posiblemente falla la visión y el liderazgo. Es incómodo para cualquiera salir de su entorno de confort, de las cosas que sabe hacer bien. Es incómodo afrontar discusiones políticamente hostiles en momentos difíciles. Es incómodo romper moldes en el país en el que se vive tan cómodamente, siempre es más fácil hacerlo en los lejanos países de misión.
En resumen, las ONGD tenemos una oportunidad de oro, posiblemente irrepetible, para explicar y hacer partícipe a la sociedad de nuestro mensaje de desarrollo global, de justicia humana, de gobernanza mundial. Podemos y debemos acompañarla durante estos tiempos difíciles. Y ojo, si la sociedad no se siente acompañada, el desapego hacia las ONGD irá creciendo poco a poco, hasta abandonarlas a la irrelevancia, al basurero de la historia.