CUENTO
Al maestro le preguntaron: “¿Y quién fue
vuestro maestro?” Él respondió: “Un perro. Lo vi al borde de un estanque que
agua clara; jadeaba de sed y no se atrevía a beber. Al acercarse a la
superficie del agua veía su imagen reflejada, creía que era otro perro que le
amenazaba y huía sin beber. Al final, la sed pudo más que el miedo, se arrojó
al agua, con lo que desapareció el otro perro y bebió a gusto”.
“¿Y de qué le sirvió a usted ese incidente?”,
insistieron los discípulos. El maestro explicó: “Entendía en aquel momento que
el obstáculo que impedía al perro saciar su sed era su propia imagen, es decir,
la falsa imagen de la ilusión del yo. Una vez que ésta desapareció, el perro
alcanzó su objetivo. Ésa es la suprema lección. El obstáculo que te impide
avanzar es tu imagen. (Carlos
G. Vallés)
ANÁLISIS
• Ser persona es vivir “con sed”. Todos tenemos
necesidades profundas que nos hacen avanzar y que necesitamos saciar para ser
quien estamos llamados a ser.
•
Pero muchas veces nos encontramos con un grave
problema: muchas cosas nos impiden oír realmente esas necesidades profundas. Y
una de estos impedimentos más cotidianos es la obsesión por nuestra propia
imagen. Estamos tan preocupados por la imagen de nuestro yo, que nos olvidamos,
precisamente, de nuestro yo más hondo.
• Necesitamos ir hasta el fondo, no podemos
quedarnos en la epidermis porque ahí no se sacia la sed del hombre.
INTERIORIZACIÓN
•
¿Eres una persona exageradamente preocupada por
tu imagen?
•
¿En qué momentos cuidas tu interior?
•
¿Cuidas más la imagen de tu yo o tu yo?
ORACIÓN
Hoy quiero expresar, Dios mío,
mi sentimiento de alegría por
verme sostenido en tus manos.
Con el corazón desbordado, por
tanto amor recibido
y tanto horizonte abierto.
Lleva a buen término la obra
que
en toda persona, en mí, has
comenzado.
No dejes, Dios mío, que mi
cobardía
mi orgullo, mi superficialidad,
mi vaguería,
puedan estropear el trabajo que
día a día.
Con paciencia y con esmero
Tú has ido haciendo en mí..
Sigue abriendo mi corazón, toda
mi persona
a tu Palabra hecha carne
en tantos rostros que hoy conozco
y en los que conocerá mañana.
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