Este fenómeno social se ha convertido en algo cotidiano. En cualquier ciudad española se ve, cada mañana, a personas mayores que salen a pasear acompañadas por inmigrantes, en su mayoría mujeres procedentes de Latinoamérica. No sólo proporcionan sus cuidados y su ayuda, sino su compañía, su conversación y su cariño.
| La foto es de Solidarios para el Desarrollo |
Son varios los motivos por los que este fenómeno se ha consolidado y ha aumentado con el paso del tiempo: el número de personas mayores dependientes es cada vez mayor, las familias han modificado sus hábitos y costumbres, y el número de inmigrantes dispuestos a realizar una actividad dirigida al cuidado de los mayores se incrementa de forma constante.
Las dificultades de acceso a servicios públicos como residencias o cuidadores profesionales diarios obligan a muchas familias a buscar una alternativa. Si bien la primera opción de las familias solía ser las residencias o el contrato de cuidadores especializados, los extranjeros ocupan hoy su lugar. La escasez de plazas en residencias públicas, el 93% con listas de espera, junto con los elevados costes de las privadas así como de los cuidadores con formación, ha llevado a muchas familias a recurrir a los inmigrantes.
Se ha creado un binomio en el que los mayores dependientes reciben la asistencia que necesitan y los inmigrantes un trabajo digno. En promedio, el gasto de una persona dependiente oscila entre los 10.000 y los 25.000 euros al año. Cifras que muchas familias no pueden afrontar. Los inmigrantes necesitan unos ingresos y un empleo que les permita continuar en el país. Su necesidad garantiza horarios más convenientes y mejores precios.
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