10 septiembre 2012

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 154


Carta nº 154    Noviembre 1898
“Dios nos dé el remedio en todo”  

            … que falta nos hace, porque como el remedio tenga que venir de nosotros, sin contar con Dios, vamos apañados.

            Y Dios, que es buen Padre, nos da el remedio en todas nuestras aflicciones. Unas veces nos lo da en vena,  con una llamada directa de un amigo, con una visita inesperada de un amigo, con un mail que te ayuda a ver las cosas de otra forma, un mail de una amigo que te lo envía sin esperarlo, con un café oportuno donde salen los temas que no pensabas que podían salir. Otras veces nos lo da en pastillicas, cada ocho horas, donde te encuentras que, esa rutina de frecuencia, de oración o de simple encuentro con Él, te va aliviando poco a poco de esa angustia, de ese dolor. Y qué buenas son esas pastillicas y cuanto bien hacen. Otras en gotas directas a los ojos, donde poco a poco empieza a ver con claridad aquello que parecía borroso.

Dios siempre es remedio para todo lo que nos pasa. Siempre. Porque siempre está ahí, porque es el único que no sale corriendo y no abandona, porque siempre te recibe con una sonrisa, con un abrazo y con mucha calma, que hace que tus lágrimas, tu soledad o tu enfado se vayan convirtiendo en paz. Ese es el Dios al que la M. Cándida acudía para todo, ese es el Dios al que la M. Cándida acudía y proponía para solucionar los agobios de sus hermanas o de los demás. Ese es el Dios que siempre respondía y que nunca la abandonaba. Ese es el Dios que era respuesta y camino para seguir haciendo aquello a lo que se sintió llamada, aquello a lo que tenía que responder. Y, por supuesto, ese es el Dios que sigue siendo hoy respuesta.

Y, así, poco a poco, vamos madurando. Y, así, poco a poco, vamos creciendo y descubriendo que podemos cambiar el tiempo verbal a la perla de la M. Cándida, y podemos decir, porque nos hemos fiado de Él:
“Dios nos da el remedio en todo”

Ante esta frase cambiada a presente, cambiada a hoy, sólo me cabe expresar ese sentimiento de tranquilidad, de paz, de confianza para afrontar los retos que este nuevo curso me propone.

Un gran abrazo a todos y buen inicio de curso. Porque aunque sea la primera vez que no compartimos objetivo de Pastoral, confío en que Dios sabrá la razón de estos asuntos que no entiendo. La identidad y el carisma también necesitan ayudas