17 septiembre 2012

PERLA ESCONDIDA EN LA CARTA Nº 155


Carta nº 155    Noviembre 1898
“Hoy escribo ésta en medio de este medio pliego, pues no tenemos más en casa”  

            En estos tiempos de escasez y precariedad, o en palabras de hoy, de crisis, es cuando esta perla de la M. Cándida, escrita en una carta de ese frio noviembre de 1898, se entiende perfectamente. Se escucha con otros oídos y se comparte desde otra perspectiva.

            Si no había un pliego para escribir, no pasaba nada, se cogía la mitad y se conseguía el objetivo, que era escribir. Era cuestión de tener claro el punto de vista nuevo y poner todo en marcha para lograr lo que se pretendía. Era lo que había.

            Iniciamos un curso con negativas novedades de ajustes en nuestros centros, estábamos acostumbrados a escribir con pliego entero y con muchos pliegos preparados por si ese se estropeaba, pero llegan tiempos de escribir con medio pliego y lo importante es que no nos quedemos pensando qué hacer ahora, sino que, con lo que tengamos, hacer todo lo que podamos. Y con esto no quiero decir que esté de acuerdo con los recortes en educación, todo lo contrario.

            Apestillaba la M. Cándida: “no tenemos más en casa”. Así era y así es. Esto es lo que tenemos. Imagino, y esto es imaginación de una situación, que los alumnos de aquel momento no notarían mucho la escasez de medios porque estoy seguro que la cubrían con mucha imaginación y mucho cariño. Y siendo importante los medios a la hora de educar, creo que hay otros factores hoy, tan importantes como los medios con los que contamos, que nos pueden despistar y provocar que nos quedemos inmóviles. No veo a la M. Cándida quedándose pasiva esperando a ver lo que pasa.

            Bastaría tener la posibilidad de ver  en el tiempo para descubrir que esta frase: “no tenemos más en casa”, no era del todo cierta. Sí tenían, y mucho. Estoy seguro que tenían raudales de confianza e ilusión, cestos llenos de ganas de ayudar con lo que tenían y sabían, grandes dosis de cercanía, mucha alegría que contagiaba ganas de continuar a pesar de todo, seguridad en que todo lo que tenían que hacer formaba parte de un gran proyecto que es el reino de Dios. Y allí estaban, aportando lo que podían, a veces, algunas veces, sin entender mucho lo que estaba pasando, y sin ser conscientes que todo su hacer nos ayudaría hoy a nuestro hacer.

            Comprendamos que aunque aparentemente “no tengamos más en casa”, seguro que tenemos mucho por descubrir y dar.