Por Miguel Ruano
Hace unos días los profesores del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús en Salamanca me invitaron para que les comunicara en unas pinceladas mi experiencia en Belo Horizonte (Brasil), con motivo del encuentro internacional de laicos Espiritualidad Madre Cándida.
Lo primero que me ocurrió es traer a la memoria y al corazón la rica vivencia tenida durante los días 16 al 22 de julio de 2012 junto con 119 personas de todas las partes del mundo Laicos espiritualidad M. Cándida y Hijas de Jesús. El hecho de tener que dar testimonio de esos días sentí gozo de haber vivido la eclosión del Espíritu en la Casa de la Santísima Trinidad –Belo Horizonte- donde la oración, el intercambio de experiencias y el compartir vida, llenó de alegría el alma que daba un tinte vivo a la asamblea allí reunida, de fiesta y de familiaridad.
Si algo sobre todo lo demás hace una resonancia intensa en mi , en estos momentos es la ponencia final de Mª Inez Furtado, Superiora General de las Hijas de Jesús, cuando nos presentó con sus sabias palabras una síntesis de este momento que movido por el Espíritu hacia prender una “chispita” el carisma de M. Cándida en el corazón de los laicos, rama recién nacida unida a la existente desde hace mas de cien años que es la vida religiosa y que de una manera nueva nos hace familia de la misma espiritualidad donde bebe nuestra Santa.
Hay unas palabras que me quiero retener de su ponencia y que hago referencia:
“En el principio… era el caos… Pero el Espíritu ya se cernía sobre la faz de las aguas…Y Dios entonces comienza a CREAR… (cf. Gn 1, 1-2)
En el sexto día… Dios creó al hombre y a la mujer como sus interlocutores. Y vio que todo lo creado, toda criatura era buena. (cf. Gn 1, 26-31)
Y al final… en la eternidad de Dios, todos morarán con Él… Seremos su pueblo y Dios mismo estará con nosotros. No habrá más lágrimas…, ya no habrá muerte, ni pena, ni llanto, ni dolor (cf. Ap 21, 3-5), porque al final la bondad y la lealtad se encontrarán, la justicia y la paz se besarán. (cf. Sal 85, 11-12)”
En algún momento de estas ultimas semanas, me repetía a mi mismo una frase de M. Cándida que para el momento actual que vivo cae como lluvia suavemente en mi persona y que da respuesta a mis anhelos “Dios es nuestro Padre y no nos abandonará”. Como piezas de un puzle ahora todas encontraban su sitio y daban lugar a una bella y preciosa figura, la retina del corazón queda impresa esta imagen bellísima.
Estamos en un momento fuerte, nos hablan de crisis por todos los lados y uno ve la angustia y tristeza de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, las noticias que se nos lanzan por todos los lados nos aplastan y sentimos la tentación de abandonar, pero en medio de todo ello vuelve a surgir de manera creativa la voz y la acción constante del Espíritu.
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada