Carta nº 159 Diciembre 1898
“… aunque dispuesta a
hacer lo que me manden”
Hay
perlas que llegan a su tiempo. Hay perlas que parecen que sean escritas para
uno mismo en este preciso momento. Hay perlas, como estas, que superan las
barreras del tiempo. Hay perlas que al abrirlas no puedo evitar un gesto de
sorpresa y un sentimiento de agradecimiento.
Hay
que dar las razones, como dice la perla en la fase más amplia de ella misma, “hay que dar las razones, hay que comentar
por qué ella no podía permanecer allí”. Me parece un buen camino. Y miro
atrás, y pienso, y recuerdo momentos
intensos e intento ver acciones. Cuánta historia detrás de esos tres pasos. Me
quedo casi sin palabras al recordar todo lo vivido y me quedo de nuevo sin
palabras al pensar lo que se puede vivir. No sé si se me entiende en estos
comentarios pero son tan claros que no voy a explicarlos más. Pero reconozco
que son difíciles.
Es
un proceso de libertad y de responsabilidad. Pero de una libertad escrita con
letras muy grandes en mi vida. De una libertad de las de verdad. Y, por supuesto, de una
disponibilidad, también escrita con letras normales, pues aquí es Dios el que
ayuda. Cada vez creo que esta vida lleva implícito un proceso, que cada etapa
se debe vivir como viene, marcando con claridad aquellos valores que has
aprendido, aquellas formas que has compartido. Y es en este proceso donde lo
que costó entender y se aceptó, lo que costó entender y se siguió caminando,
llega el momento en este proceso, después de que el tiempo vaya haciendo
madurar todo, donde hay otra forma de ver la misma realidad, otra forma posible
que no hace daño a nadie y que sólo trae beneficios para todos, otra forma
deseada, querida y esperada. Pero, por si alguien piensa más rápido que yo,
aclaro, “… aunque dispuesto”.
Dispuesto
a seguir, no significa que hay que seguir así, dispuesto a seguir, no quiere
decir que sea la única forma de seguir, dispuesto a seguir, quiere decir que se
puede volver a generar ilusión, esperanza y futuro, que se puede hacer algo nuevo
aunque sea de donde parecía que sólo quedaban cenizas.
Aquí
estoy, aquí estamos… dispuestos. Que Santa Teresa guíe nuestros pasos por el camino de la paz y que cuide mucho a las Teresas, especialmente a las que, tuve la suerte de que nuestras vidas se cruzaran un día.

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